Y el día más pensado…
Te encuentras que tu situación vital no tiene más gasolina para continuar dándole al motor. Que no merece la pena seguir luchando por esa causa perdida.
Esa causa perdida que provoca un caos diplomático en todas las embajadas y cadenas de noticias: twitter, facebook y las redes sociales de antaño, el patio de luces, por ejemplo. Todos los medios de comunicación son suficientes para quemarme las manos al escribir, teclear o hablar. Quemaduras que transpasan los límites de mi archirreconocida racionalidad y llaman a gritos esa visceralidad que había reservado para los momentos especiales… coy! hoy es uno de esos momentos. Desenfunda todos y cada uno de tus cuchillos, desenpolva las magnum y apunta tus flechas envenenadas con rana amazónica, porque te voy a provocar una parálisis emocional.
Y en el fragor de una batalla psicológica por recuperar la identidad vepelículas que hacen que su recién pasada adolescencia vuelva a cobrar sentido, y en un afán por hacerse mayor, reprime (que no regeneras) sus más bajos sentimientos y vuelve a salir a la calle, a decir que ya está bien de amargarse.
Y a la semana del día más pensado, el día menos pensado cuando sólo piensas en otras cosas, te descubres embarcado en otra guerra de cien años. Encarnizado y motivado como el más kamikaze del ejército japonés. Te autocubres de gloria regenerando energía de las anteriores cenizas. Que si están sucias o si no es bonito, no te importa, esos besos te quitan el aliento, real o virtual, porque cuando miras la luna sabes que lo que separa no es nada frente a lo que une.
Y qué narices, que la vida no te la has ganado para pasártelo mal, si no para decir cosas bonitas y dibujar sonrisas.

